Había uno en cada esquina
En cada parada de autobús a lo largo de la avenida Grand, había un grupo de dos, tres y hasta cuatro jóvenes, acompañados por alguna mamá, esperando el autobús que los llevaría al Navy Pier. Tenían entre 14 y 18 años y cargaban carpetas con papeles. Fue el miércoles 15 de agosto cuando miles de jóvenes indocumentados de todo el país fueron convocados por el Gobierno de Estados Unidos, políticos y activistas, para que fueran a llenar un formulario diciendo que estaban aquí, con la esperanza de que, si cumplen todos los requisitos, el Gobierno no los deportará y eventualmente les podría dar un permiso de trabajo y hasta una licencia para conducir.
Y todo por cuanto el 15 de agosto entró en efecto la medida Deferred Action for Childhood Arrivals, política que dice que el Gobierno no empezará un proceso de deportación en contra de aquellos inmigrantes indocumentados que fueron traídos a Estados Unidos siendo niños, y que suspenderá la deportación de aquellos que ya están en proceso.
Durante las últimas semanas en varios medios de comunicación han salido 'esos' a los que les gusta echarle a los inmigrantes indocumentados la culpa por la mala situación económica, por el desempleo entre los vagos, y por el crimen y las drogas entre otras cosas, diciendo que ofrecerles permisos de trabajo a estos jóvenes está mal. Dicen 'esos' que así les van a quitar los pocos puestos de empleo disponibles a los que sí son nacidos aquí. ¿Qué ilusos? Por no decir otra cosa. Acason no saben 'esos' que la grandísima mayoría de estos jóvenes YA trabajan en este país. Trabajan de mecánicos, en tiendas, en fábricas, en horarios de noche, en horarios de madrugada, de meseras en restaurantes, ayudando a sus tíos en la panadería, de niñeras, en mil y un lugares, en fin, ni dónde empezar. Lo que se les está ofreciendo es una vía, un papel que diga que lo pueden hacer legalmente.
Miles de estos muchachos y sus padres tienen hoy una esperanza, una ilusión para seguir, para pensar que tal vez sí vale la pena, que puede ser que con el tiempo van a poder legalizar su situación. Y por eso fueron miles al Navy Pier. A pesar del miedo. Porque puede ser que esta haya sido la vez que más real ha sido la posibilidad de que el Gobierno los reconozca.
Sin embargo, muchas son las dudas que persisten, sobretodo la gran incertidumbre de no saber qué pasará con esta política si gana las elecciones presidenciales Mitt Romney. ¿Les dará un alivio a estos muchachos o revocará la medida anunciada por este gobierno? Por eso es que varios activistas han dicho: No corran, espérense hasta después de las elecciones. ¿Qué son dos meses más? Pero muchos simplemente ya han esperado demasiado.
Y todo por cuanto el 15 de agosto entró en efecto la medida Deferred Action for Childhood Arrivals, política que dice que el Gobierno no empezará un proceso de deportación en contra de aquellos inmigrantes indocumentados que fueron traídos a Estados Unidos siendo niños, y que suspenderá la deportación de aquellos que ya están en proceso.
Durante las últimas semanas en varios medios de comunicación han salido 'esos' a los que les gusta echarle a los inmigrantes indocumentados la culpa por la mala situación económica, por el desempleo entre los vagos, y por el crimen y las drogas entre otras cosas, diciendo que ofrecerles permisos de trabajo a estos jóvenes está mal. Dicen 'esos' que así les van a quitar los pocos puestos de empleo disponibles a los que sí son nacidos aquí. ¿Qué ilusos? Por no decir otra cosa. Acason no saben 'esos' que la grandísima mayoría de estos jóvenes YA trabajan en este país. Trabajan de mecánicos, en tiendas, en fábricas, en horarios de noche, en horarios de madrugada, de meseras en restaurantes, ayudando a sus tíos en la panadería, de niñeras, en mil y un lugares, en fin, ni dónde empezar. Lo que se les está ofreciendo es una vía, un papel que diga que lo pueden hacer legalmente.
Miles de estos muchachos y sus padres tienen hoy una esperanza, una ilusión para seguir, para pensar que tal vez sí vale la pena, que puede ser que con el tiempo van a poder legalizar su situación. Y por eso fueron miles al Navy Pier. A pesar del miedo. Porque puede ser que esta haya sido la vez que más real ha sido la posibilidad de que el Gobierno los reconozca.
Sin embargo, muchas son las dudas que persisten, sobretodo la gran incertidumbre de no saber qué pasará con esta política si gana las elecciones presidenciales Mitt Romney. ¿Les dará un alivio a estos muchachos o revocará la medida anunciada por este gobierno? Por eso es que varios activistas han dicho: No corran, espérense hasta después de las elecciones. ¿Qué son dos meses más? Pero muchos simplemente ya han esperado demasiado.
















