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Nueva York/AP – Los abusos contra Danny Chen, de diecinueve años de edad, comenzaron en la fase de entrenamiento militar – bromas sobre su nombre, preguntas insistentes sobre si era de China aunque él había nacido y crecido en Nueva York…
El asunto fue a peor cuando Chen llegó a Afganistán, según le dijeron a su familia investigadores del ejército. Al parecer, los otros hombres de su unidad se fajaron con él a base de insultos racistas y abusos físicos en las semanas anteriores a que Chen se suicidara, a principios de octubre. Ocho soldados han sido acusados en conexión con su muerte.
Para algunos estadounidenses de origen asiático que sirven en el Ejército, los prejuicios raciales que tuvo que sufrir Chen apenas son motivo de sorpresa dado lo que ellos mismos han visto o experimentado.
David Oshiro, veterano de la guerra de Vietnam, es uno de los que no se sorprenden de las acusaciones de prejuicios raciales. Oshiro, norteamericano de origen japonés, dice que no tuvo ningún problema con los hombres de su unidad, pero sí que escuchó muchas veces las burlas de otros soldados. Cuando resultó herido, el personal médico asumió que era vietnamita y casi retrasaron su evacuación hasta que el resto de soldados americanos fueron llevados en helicóptero.
"Me enojé mucho. Empecé a gritar 'Soy americano, saquen mi trasero de aquí inmediatamente", recuerda Oshiro, ahora residente en San Rafael, California. "Todavía me enojo, porque sigo pensando: '¡Somos del mismo equipo!'". Luego está el caso de Anu Bhagwati, estadounidense de origen indio, quien estuvo cinco años enrolada en los Marines hasta 2004, cuando tuvo que dejar el ejército por sufrir abusos y discriminaciones, incluso cuando era oficial.
En su caso, su condición de mujer fue más determinante, aunque asegura que fue testigo de discriminaciones raciales contra otros soldados.
"El gran mito sobre el Ejército estadounidense es que el racismo no existe", dice Bhagwati. "Pero la realidad es que está muy vivo".
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