La triple victoria de Rick Santorum en los procesos electorales republicanos del pasado 7 de febrero en Colorado, Minnesota y Missouri ha revitalizado su candidatura e incrementado, a ojos de una parte de los votantes republicanos, la percepción de que es una opción viable para frenar a Mitt Romney en la contienda por la nominación presidencial.
Santorum puede estar satisfecho por estos resultados y aprovecharlos para impulsar su candidatura con miras a próximos procesos en estados claves, y ciertamente difíciles para él, como Arizona y Michigan. Ha probado que tiene arrastre entre un sector clave de su partido y su trabajo directo de campo -a falta de los ingentes recursos que Romney o Gingrich disponen para pagar publicidad- le ha dado buenos dividendos.
Su triunfo apabullante en la primaria de Missouri, donde Newt Gingrinch no estuvo en la boleta, no tuvo una relevancia directa en la contabilidad de delegados (que serán determinados en un proceso posterior) pero sí operó como una suerte de súper encuesta que mostró que Santorum puede triunfar cuando los republicanos opuestos a Romney se agrupan mayoritariamente en torno a un candidato.
Con todo, permanece la duda sobre si, finalmente, se dará tal agrupación y si, en su caso, ésta será favorable a Santorum. Además, Romney continúa siendo el puntero a nivel nacional y sus recursos de campaña son considerablemente superiores al de cualquier otro de los aspirantes de su partido.
Los próximos procesos en Maine, Arizona y Michigan serán, así, reveladores de las reales posibilidades de Santorum.



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