El mensaje sobre el Estado de la Unión del presidente Barack Obama tuvo una doble transfondo de relevancia nacional.
En primer lugar, fue explícito sobre su convicción e intención de modificar el actual sistema económico de modo que cada individuo y empresa haga y reciba una porción justa en materia de impuestos y beneficios.
Eso significa para Obama, por ejemplo, eliminar exenciones de impuestos a empresas consolidadas y que ganan enormes sumas, como la petrolera, para otorgarlas a las empresas innovadoras (como la energía limpia) o que traigan de vuelta empleos del extranjero a Estados Unidos. Ambos casos implican una transformación importante del modelo actual.
Otro ejemplo es subir los impuestos a los más ricos para que paguen una proporción mayor y no suceda el repetido caso del millonario que paga una tasa más baja que su secretaria.
Otra idea de transformación es aprobar una reforma de inmigración integral, y en el corto plazo el Dream Act, que reconozca que las aportaciones de los indocumentados al país y la necesidad que éste tiene de ellos son factores de trascendencia mayor que las consideraciones esgrimidas por sus detractores.
Pero por otro lado, en lo que es el transfondo de real politik del mensaje de Obama, habrá que ver qué tanto es factible en tiempos electorales. Falta por ver cuánto fue oferta electoral de Obama y cuánto capital político está dispuestos a gastar él y su partido en estos momentos. Falta ver cuánto están dispuestos los republicanos a colaborar con el presidente en tiempos de elección, cuando incluso el sentido común suele quedar oculto tras los intereses partidistas.



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